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Daniel Muchiut
Biografía
20/11/2008

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Es uno de los fundadores de la Fotogalería 22, galería permanente del Museo de Artes Plásticas de su ciudad natal

Nace en la ciudad de Chivilcoy, Provincia de Buenos Aires, el 3 de noviembre de 1967. 

Se desempeña como diseñador y fotografo.

Desde el año 2000, coordina Talleres de Estética Fotografica.

Es uno de los fundadores de la Fotogalería 22, galería permanente del Museo de Artes Plásticas de su ciudad natal, encargada de la difusión de autores nacionales e internacionales.

Retrospectiva sobre la fotografía de Daniel Muchiut
No puede existir una obra sin compromiso

Rompiendo con el paradigma de que es necesario realizar grandes viajes para encontrar situaciones y modelos aptos, Muchiut jamás necesitó alejarse de su pueblo natal, Chivilcoy, para narrar, a través de imágenes desoladoras y de un hondo nivel metafórico, las historias de marginación y pesar que comprenden su ensayística, poseedora de un exquisito equilibrio entre lo documental y lo estético.


Muchiut: El drama cercano
Por Manuel Santos

La década de 1990 ha visto consolidarse a la Fotografía Argentina, aupándose al carro de países latinoamericanos con una mayor presencia en colecciones y exposiciones. Todavía, las exposiciones en España son escasas y por ello, hace tres años, no dudé en acudir a la que se anunciaba como una pequeña exposición en Madrid de un -desconocido- fotógrafo argentino. Allí conocí a Daniel Muchiut, encontrándome con un fotógrafo reflexivo e increíblemente maduro para su edad. La fuerza de sus temas y la riqueza plástica de sus fotografías me sorprendieron.

Desde entonces, he podido seguir varios proyectos fotográficos de Muchiut (Hombres de Barro, La Fábrica, Historias de Bares, ...) hasta llegar al último que ahora se divulga: La vida de Oscar. Para realizarlo Muchiut se ha sumergido, con cariño y respeto, en la vida de este personaje, que perdió el empleo en un horno de adobe y se encaminó hacia una existencia aislada, casi monacal, en un automóvil abandonado en un vertedero fuera de la ciudad de Chivilcoy.

Haciendo memoria, recuerdo cómo la mayoría de los reportajes sobre este tipo de personajes se concentran en una visión misionera, que nos convenza de la necesidad de movernos, de actuar; pero con menos los que nos hacen entender otras opciones de vida muy lejanas a las convencionales. Quizas es por ello que Muchiut decide ignorar primeros planos y situar a Oscar de forma un tanto lateral y esquiva en sus composiciones: apareciendo y desapareciendo entre sus perros, incorporándose en un horizonte de basuras y objetos de todo tipo.

En la fotografía argentina contemporánea, hay un gran interés en las nuevas generaciones por seguir de manera profunda, a la manera del clásico entre los clásicos: W. Eugene Smith, que pasaba meses afinando sus reportajes. Así podemos hablar de Adriana Lestido, que abordó un emocionante ensayo sobre las relaciones Madre-Hija, y también fruto de la perseverancia aliada con un gran respeto es el trabajo de Helen Zout sobre los niños afectados por Sida.

A mi juicio, Muchiut es el que mejor continúa la línea iniciada por Smith. Logra ese difícil equilibrio entre lo documental y lo estético de las mejores fotos de Smith. Sabe documentar la escena, transmitiendo el drama con la dosis justa de dominio técnico y estético, para hacerlas imborrables después de haberlas visto tan sólo una vez. En sus muy conocidas series: La Fábrica y Hombres de barro, la mirada directa, centrada, del personaje se clava en el espectador. Sin embargo, opta en otras por buscar el poder de choque y evocación que tienen las figuras en los bordes de la imagen. Su cámara secciona con precisión singular animales, cuerpos y rostros en las series: Bares, Perros, o en la que ahora nos ocupa, La Vida de Oscar.

A través de todos sus reportajes se aprecia un doble enfoque, ambos muy diferentes pero complementarios: es capaz de acercarse al drama humano pero también logra que exuden su poso de historia objetos o escenarios. Muchiut no está interesado en expresar la epopeya del trabajo manual, como nos tiene habituados Sebastiao Salgado con sus tomas generales y atmósferas que retrotraen a las escenas bíblicas. Su planteamiento es mostrar la persona trabajadora, su relación con los materiales e industrias básicas, la sencillez y pobreza de sus utensilios y máquinas. Simultáneamente su ojo adiestrado extrae emocionantes imágenes de objetos o escenarios.

En Hombres de barro, muchas de sus tomas tienen la concentración y belleza simple de algunos expresionistas abstractos. Por ejemplo: la fotografía que inicia la serie con un barrizal de increíble belleza, donde la mirada vaga por los detalles como en los lienzos de Rothko; o aquella otra en la que los jirones de un trapo, empapado en el lodo, se combinan con las puntas de una valla, para traernos a la memoria los trazos de un Clifford Still. A través de la secuencia magistral de La vida de Oscar se suceden tanto unas como otras, e incluso en algunas imágenes roza la perfección al lograr la síntesis de ambos enfoques.

En una conferencia reciente, Salgado afirmaba que sus imágenes son sólo documentos y, sin embargo, su estética devora su contenido ético. En sus fotografías, Muchiut, con su humildad característica, no se obsesiona con ofrecer un documento en clave seudo-artística sino en mirar con dignidad a otros compañeros en su trabajo diario. Aunque muchos prefieran seguir conmocionándose con el dolor lejano, todavía a Muchiut le queda mucho por contar sobre el drama cercano al que asistimos.

DANIEL MUCHIUT, FOTOGRAFIAS, CHIVILCOY 1998-1999
JUAN TRAVNIK. - Director de la Fotogalería del Teatro San Martín

Cuando parecen haber caído las posibilidades de soñar un mundo mejor y más justo. Cuando se quiere definir por decreto la muerte de las utopías, como si fuera posible la existencia sin una estructura de pensamiento que nos permita el sueño de una vida mejor, la obra de Daniel Muchiut se instala nuevamente con la firmeza del que cree visceralmente en lo que hace.

Testimoniando la realidad que lo rodea el autor habla, en una lectura más abarcadora, de la condición humana.

La vida de Oscar, el protagonista de una de las series, cambió sustancialmente al quedarse sin el empleo que tenía en uno de los hornos de barro de Chivilcoy. Se tornó huraño y, en una actitud casi autista, se fue a vivir en un viejo automóvil abandonado en las afueras de la ciudad. En ese mundo de hastío lastimoso, el personaje de espalda encorvada y existencia precaria y angustiante, que comparte sus horas sólo con algunos perros, se convierte en el eje de la metáfora construida por Muchiut para mostrar esa gran parte de la sociedad empobrecida y abandonada. Las imágenes dan cuenta de un gran acercamiento con el personaje, que se convierte en un ser familiar y entrañable para el autor. Sin embargo, la aparición de Oscar a lo largo de todo el ensayo es esquiva. Aparece lo necesario para conmover desde la ternura, el desamparo o la fiereza.

En su otro ensayo, los girasoles describen una extraña parábola. Los amaneceres prometedores, las turgencias plenas y vitales de las primeras fotografías, se van transformando con el devenir de la historia en imágenes oscuras y deprimentes. Como almas deshilachadas de cabezas gachas, parecen ejércitos en retirada, que dejan tras de sí desolación y tierras desvastadas, en las que sólo sobrevuelan, como en una imagen premonitoria, algunas aves de rapiña.

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