El cementerio de trenes es un lugar desolado y lleno de maquinarias ferroviarias, antiguas o siniestradas, que muestran el pasado de Uyuni. A principios de siglo, el auge de la minería aceleró la llegada de los ferrocarriles y, en 1899, se inauguró la primera ruta ferroviaria tendida en Bolivia, entre la ciudad de Uyuni y el puerto de Antofagasta en el Océano Pacífico. La ciudad de Antofagasta fue fundada en 1868 por el Gobierno Boliviano, luego del tratado de límites entre Bolivia y Chile, que se firmó en 1866.
A raíz de varios conflictos entre ambos países, que habían acordado explotar la zona en forma conjunta, el 14 de febrero de 1879 Antofagasta fue ocupada por Chile, con un desembarco de tropas a cargo del coronel Emilio Sotomayor, iniciando así el conflicto conocido como “La Guerra del Pacífico”.
El “Pacto de Tregua”, firmado en 1884, permitía a Bolivia el acceso a los puertos de Arica y Antofagasta, pero dejó varios asuntos pendientes.

El 20 de octubre de 1904 Bolivia perdía definitivamente su soberanía sobre el Océano Pacífico, al firmar con Chile el tratado de “Paz y Amistad” y esto afectó notablemente al ferrocarril.
Por esas vías circulaban principalmente vagones cargados de plata, que salían de las minas de Huanchaca. Ese fue el comienzo de la ruta que hoy une a Oruro y Villazón, pasando por Tupiza, Atocha y otros pueblos, que habían crecido gracias a la llegada del ferrocarril.
Pero los trenes se llevaban el mineral y solo traían cansados pasajeros y trabajadores. El progreso no llegó a esa zona, y los trenes se quedaron. El Estado los administró durante años hasta que fueron capitalizados por el gobierno de Gonzalo Sánchez de Lozada.
Sus vagones estaban atestados de contrabandistas que, poco antes de llegar, arrojaban sus productos por las ventanas para evadir los controles aduaneros y policiales.
Estos trenes permanecen empequeñecidos por la inmensidad del altiplano, por el cielo limpio de nubes, ya que prácticamente no llueve nunca, y abatidos por el feroz viento que habitualmente recorre ese lugar.

El cementerio se transformó en un peculiar atractivo turístico. Distinto a los maravillosos paisajes que caracterizan la zona, se trata más bien de un paraje hecho de herrumbre y olvido. Se tiene la impresión de estar visitando unas ruinas arqueológicas, sólo que se trata de ruinas del siglo XX.
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Artículo cedido por Cuarto Oscuro Revista del Foto Club Buenos Aires Editor responsable / Director: Dr. Luis A. Steinberg Editores literarios: Griselda Marrapodi / Gustavo Novas Diseño y diagramación: Vanesa Hayaca
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