En esta oportunidad les presentamos en una edición especial una nota sobre impacto visual en dos entregas.


  Impacto visual o emocional    
(Primera parte) Luis R. Morilla


Cuando un fotógrafo novato, ingresa (por primera vez) a un foto club, quiere que enseguida le enseñen como se compone una fotografía para concursos, que se le explique por qué el Jurado, considera que una obra es mejor que otra, que se le permita asistir a los juzgamientos “para aprender”, pero resulta que los señores Jurados, hablan en (unos) términos, un tanto extraños y dan por sabidos algunos conceptos que el novato ignora.

De todo esto resulta que no aprende nada y se hace una confusión terrible quedando con más dudas que cuando empezó. Es que… hay que ir por partes.

No se puede aprender Composición en una sola lección, ni en una sola charla con un fotógrafo destacado.

El asunto es más sutil de lo que parece a primera vista. Los que ya han incursionado en otras artes plásticas comprenden más rápidamente las explicaciones pero a la vez vienen con “preconceptos” que chocan con las reglas de la composición fotográfica.

Debe tenerse en cuenta que la fotografía es un arte nuevo, distinto, que en sus comienzos copió reglas de la pintura, pero luego se fue independizando, formando una nueva manera de ver y de valorar el impacto visual o emocional que puede causar una imagen.

El novato se resiste, por que no quiere reconocer la diferencia entre fotografía artística y fotografía documental.

Sostiene –como sostenían los pintores en el año 1840– que la fotografía es solo “artesanía” (y no arte) porque parte de un aparato mecánico.

Pero ustedes ya habrán comprendido que la toma es solo una parte de la obra; que después sigue un proceso de elaboración hasta llegar a la copia final, en la que tiene gran importancia la intervención personal del fotógrafo. Un mismo tema, enfocado por dos fotógrafos, en el mismo momento y con dos cámaras iguales, no produce dos copias finales iguales. Podrán ser parecidas pero no iguales… y a veces no son ni siquiera parecidas.

¿Por qué? Aquí hay que reconocer la interpretación del tema por cada fotógrafo, sus conocimientos técnicos, sus inclinaciones artísticas, su “manera de ver”, su habilidad para realizar y otra serie de imponderables, hacen que al final las obras sean diferentes.

Si todo fuera igual, una persona podría sacarse dos foto-carnet, en dos estudios distintos y las dos fotos serían exactamente iguales. Pero no es así, la cara es la misma, pero el tono, el juego de luces y sombras, la expresión, etc. son “diferentes”… ¿Por qué? Por que hay dos interpretaciones diferentes.
Tenemos que reconocer entonces que existe un “artefoto-gráfico”; y que ese arte se basa en las ideas, conocimientos y conceptos que cada fotógrafo tiene de la fotografía… No es una mera función mecánica.
Pero antes de entrar al estudio de la composición, es bueno que recordemos dos cosas importantes, como decía mi maestro don Ernesto Carranza:

1) No todos los que pintan telas son artistas pintores, ni tampoco todos los que “gatillan” cámaras fotográficas son “artistas fotógrafos”.
Los artistas son una pequeña minoría.

2) Todos los días se pintan miles de cuadros, pero… cuántos son “obras de arte”. Del mismo modo, todos los días se imprimen millones de fotografías, pero… ¿Cuántas son fotografías artísticas?

Es más: todas las obras de un artista cabal no son “obras de arte”. Hay días en que no está inspirado y sus trabajos no alcanzan el nivel requerido. Los aciertos son los menos. Otras veces sus esfuerzos se diluyen en pruebas y ensayos que resultan fallidos. No logra la ansiada obra de arte.

Los principios de la belleza no se pueden condensar en pocas reglas simples. Ni esas reglas pueden ser rígidas. El talento creador del artista encuentra las más variadas formas de manifestarse. Cualquier tema presentado bajo la concepción de un artista, puede ser una obra de arte, o un fracaso.

De una ampliación documental a una fotografía artística, media tanta distancia como de una pintura vulgar a una obra de arte.

No todos son capaces de captar esa diferencia, pero de todos modos, conviene dedicar atención al estudio de las Reglas de Composición, porque él que sabe componer, le lleva enorme ventaja al que no las conoce; además sus conocimientos le servirían hasta para mejorar las vulgares fotos documentales.

Sin embargo, es evidente que en algo debe basarse el fallo del Jurado. No es posible ignorar totalmente lo que se ha hecho hasta aquí y romper todas las reglas conocidas simplemente “por que las conocemos”. Si las borramos o ignoramos, ¿en que pueden basar sus fallos los Jurados? ¿Cómo hacer para comparar si una obra es mejor que otra?. Por impresión solamente, por gusto personal únicamente.

La foto perfecta no existe, todas tienen algo para criticar. Sólo Dios sería capaz de hacerla con su sabiduría divina. Pero por suerte para nosotros Dios no participa en concursos, sino ganaría todos los premios.

Bajemos a la tierra. Se puede hacer arte con pinceles, con buriles, instrumentos musicales, el fotógrafo necesita la cámara fotográfica, que es el instrumento para empezar su obra.

Una buena fotografía, no es producto de la casualidad –como muchos creen–, deben reunirse una serie de factores y conocimientos que conduzcan armónicamente a la copia final.
Entre ellos, uno de lo más importante es la composición artística. Comprendemos entonces “porqué” un lego ante un conjunto de fotografías dice: “Esta me gusta”, “Esta no me gusta”.
 
Las normas de composición, no son reglas caprichosas, pero se aplican en todos los países del mundo. Son el producto del análisis y la observación de millones de obras plásticas, que provocan el “me gusta”.

No son reglas fijas. Tienen la elasticidad suficiente, como para adaptarse a todas las circunstancias. Su interpretación depende también del gusto personal del observador. Tampoco son especulaciones matemáticas. Intentemos una definición, si quisiéramos resumirlo en una palabra diríamos composición es orden.

Nada más que eso orden (aunar, organizar, distribuir).

Aclaremos que “el sentido de la composición” es instintivo y que cada persona tiene su propio sentido; que se manifiesta hasta en las cosas mínimas e intrascendentes y desde la infancia.

Tanto puede ser en la forma de disponer sus dibujos y frases en los cuadernos escolares, como en la posición que elige para colgar un cuadro en su habitación.

Por supuesto, la cultura del individuo, y hasta su ubicación en la sociedad y su estado de ánimo, pueden influir para que ese sentido se desarrolle o se atrofie.

Por eso al principiante le digo que empiece por componer sus fotografías de acuerdo con las normas conocidas, ya que más adelante tendrá tiempo para romper los moldes, si realmente tiene talento.
Los grandes artistas primero asimilaron las reglas clásicas, para luego dar rienda suelta a su imaginación.
Por eso se ha dicho muchas veces “las reglas no son cadenas para el genio” (Reynols). El conocimiento de ellas no anula ni la espontaneidad ni la creación.

El principiante frente a un paisaje trata de abarcar la mayor cantidad de “elementos” y los quiere meter dentro de la cámara, como si el objetivo y el obturador fueran un embudo, para “agarrarlos” y llevárselos a su casa. Todo en una sola foto, para que le resulte más económico.

De esta forma lo que va a conseguir es una tarjeta postal, nunca una fotografía artística.

Cuando tenga en sus manos las fotos verá que existen varios motivos de igual atracción, que compiten entre si. La vista salta de uno a otro sin hallar un punto donde detenerse. Esto en composición se llama “interés disperso” o falta de principalidad, o confusión, o competencia entre los motivos. Con cada una de esas “cosas” se podían haberse hecho otras tantas fotografías, con un solo punto de interés, en cada una.

Luego si se podrían considerar fotos artísticas. Creando un solo punto de interés, todas las imágenes del cuadro serán complementos que ayudarán a interpretar mejor lo que el autor quiso transmitir, pero que no compiten en atracción visual con el motivo principal, si no que le dan unidad al conjunto. Esto es básico.

Por eso el mejor consejo que puede darse a un novato es: acercarse al motivo, con lo cual la cámara sólo abarcará un radio reducido y así no incluir elementos que pueden ser disociantes.

Por eso se usan tanto los teleobjetivos, porque reducen el ángulo de toma. Se puede usar cualquier objetivo, solamente el fotógrafo encontrará uno de acuerdo con su forma de ver y ese será el más adecuado.

Debe haber un solo punto de interés y ese punto debe destacarse por sobre los demás componentes de la foto, surge entonces la pregunta ¿Dónde lo ubicamos? El novicio contestará rápidamente: “¡en el medio!”.

Así hacen los que no conocen composición, ni tienen sentido artístico.

¡No señores! Al colocar la atracción en el centro del cuadro, se formará un “composición simétrica”. Este tipo de composición solo se admite para motivos solemnes, religiosos ó arquitectónicos.

Siempre tendrá más gracia una “composición asimétrica”.

Estas reglas de ubicación fueron anunciadas hace siglos y resumidas por Leonardo Da Vinci, que vivió desde 1452 a 1519.

Todo aficionado a la fotografía, las conoce, pero vamos a indicarlas, para quienes aún no se enteraron.

Esta distribución puede ser horizontal o vertical.
 
Debemos imaginarnos mentalmente, como si el rectángulo de la fotografía (horizontal o vertical) estuviera dividido en tercios por líneas verticales y horizontales. Justamente en las intersecciones de esas “terceras” están los cuatro “puntos fuertes”, en los que resultará más conveniente ubicar el “punto de interés”.

Pero ¿Cuál? Puede ser cualquiera, pero si analizamos la mayoría de las fotografías presentadas en salones internacionales, veremos que existe una marcada preferencia por uno de ellos.

¿Por qué? Por el recorrido visual. ¿Qué es eso? El ojo humano tiene más facilidad para recorrer una foto desde abajo hacia arriba y de izquierda a derecha, que en sentido inverso.

De donde resulta que la vista entra al cuadro, generalmente, por el ángulo inferior izquierdo y casi siempre se dirige primero hacia la derecha y hacia arriba, para dar un paseo, según la atracción que ejerzan los elementos que encuentra.

De allí que sea conveniente ubicar el punto de interés en la intersección derecha superior de las terceras, especialmente en el caso del formato vertical, en tanto que en el formato horizontal, cuando hay mucho cielo, conviene, a veces, usar la intersección derecha inferior. Así le damos espacio al ojo para desplazarse hacia esos lugares, cosa que no ocurriría si ponemos el elemento principal “en la entrada” (intersección inferior izquierda).

Si se pueden hacer nacer líneas del ángulo inferior izquierdo mucho mejor; aunque los pintores sostengan, que la vista “entra” por el centro de la parte inferior.

Mucho se ha discutido si nuestra teoría es exacta, pero se corre el riesgo de “estandarizar” las fotos artísticas, presentando todas las mismas disposiciones.

Algunos dicen que esta preferencia se debe a que estamos acostumbrados a leer de izquierda a derecha.
Pero en ese caso iríamos de arriba hacia abajo y no de abajo hacia arriba. Además hay idiomas que se escriben de derecha a izquierda, y otros de arriba hacia abajo y sin embargo en todos los países del mundo, incluyendo Israel, China y Japón, se aplican las mismas reglas de composición.

Por eso se acepta que el punto de interés se coloque en cualquiera de los cuatro puntos fuertes, y que en caso de líneas importantes, que nazcan de otros ángulos, el ojo “entre” por otras esquinas; pero no conozco ninguna foto buena, en la que el ojo se vea obligado a entrar por el ángulo inferior derecho, porque se resiste a hacer un recorrido “a contramano”.

Por estas mismas o parecidas razones, tampoco es conveniente hacer nacer líneas importantes, por el centro de cualquiera de los cuatros lados, “o de la nada”.

El arte de la composición está en controlar el recorrido del ojo y hacer que se detenga en el punto de interés. Eso depende de las líneas y masas, la iluminación y el contraste adecuado al tema, la disposición de los elementos secundarios, de la técnica empleada y de la pulcritud de la presentación, etc.

Una buena fotografía “lo obliga” a permanecer más tiempo dentro del cuadro, hace agradable su paseo y crea deseos de repetir el viaje.

Una mala fotografía lo fatiga, lo obliga a “saltar de aquí para allá”, a tropezar con obstáculos y lo desalienta para un segundo examen.


Artículo cedido por Cuarto Oscuro 
Revista del Foto Club Buenos Aires
Editor responsable / Director: Dr. Luis A. Steinberg
Editores literarios: Griselda Marrapodi / Gustavo Novas
Diseño y diagramación: Vanesa Hayaca

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